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escritura automática
No tenía un motivo para hacerlo, pero tampoco para no hacerlo, así que supongo que haber escuchado esa canción, en el momento preciso, fue suficiente para decantar la balanza del lado de las cosas que gozan de una existencia real.
Y lo hizo. Y nunca más volvió a ser el mismo.
Me encontré con él por casualidad en el verano del 2004 (sé la fecha porque lo tengo apuntado en un diario). Hacía ya tiempo que no lo veía. Me propuso que nos tomáramos algo, y yo, que tenía tiempo, le dije que sí. Tras un par de cervezas decidimos cenar, pero no hizo falta nada de esto para romper el hielo porque desde el primer minuto abordamos los viejos temas: las mujeres, los amigos comunes, las lecturas, los disparates y las maldades. Al despedirse me dijo: "Sigues igual. Los demás han cambiado, pero tú no. Hablar contigo me provoca ganas de colgar mi chaqueta de burgués, volver a escribir poemas, tener 19 años". Se notaba que en su interior se libraba alguna batalla. Ya no lo volví a ver. Todo lo que hemos podido saber es que poco después de encontrármelo se subió a un avión. Y desapareció.
cosas del fb y del twitter
Ahora me doy cuenta de que esta noche soñé con Bolaño. Era amable, hablaba bajito y diría que le agradó que le reconociera. Subiendo las escaleras de un centro comercial me preguntaba cuánto tiempo más le dejaría vivir su hígado enfermo. Después llegábamos a una enorme librería y le pedía consejo. Me decía algo de las frases cortas. En ese momento sonó el teléfono y me quedé sin respuestas.
Esta mañana escuché un disparo: primero el eco, luego la detonación. No se escuchó el ladrido de ningún perro después.
1. Creo que fue en uno de los balcones de arriba.
2. Un amigo comenta que la única explicación lógica a sentir primero el eco es que esté dotado con algún tipo de cualidad precognitiva.
3. Lo del silencio de los perros, francamente, me sorprendió.
Esa gitana que leía el porvenir. ¡Es muy ridículo! Pero no podía parar ese temblor. Habían pasado veinte minutos o más desde que dejamos de oír el sonido de una feria perdida en el fin del mundo, y seguíamos caminando. Recuerdo que te dije, quiero que te quede claro, no te voy a contar lo que me ha dicho. Pero tú, parece mentira, si no te conociera diría que eso es miedo. Es miedo, te contesté. ¿Miedo? ¿Tú? ¿Miedo por algo que en lo que no crees? ¿Por un "entretenimiento"? No me imites. "Voy a que me cuenten una historia, voy a que me cuenten una historia, adoro las historias, ya lo sabes". ¿Y ahora qué? ¿Miedo? Basta, basta, por favor, te dije, mirando mis manos que todavía temblaban. No las escondas, no es la primera vez que te pasa. Lo fácil en ese momento hubiera sido calmarlas en tu cuello. Apretar tanto que ya no me quedaran más fuerzas para movimientos involuntarios. Al pensar en eso me acordé: tengo que volver. ¿Ahora? Ni loca. Necesito dormir. Tengo que volver, tengo que volver. ¿Qué coño te pasa? Pasa que es demasiado tarde, para mí, para ti, para la gitana y para evitar todo el dolor que aún voy a provocar.
El barquero
Haciendo tiempo, esperando a que alguien quiera cruzar al otro lado. Se ha especializado en predecir los tiempos de la caída de las nubes, el bote de las piedras planas, las coreografías de los seres que visitan el final de la tarde. Y alguien sube. (...) El remo se mueve preciso en sus manos, entonando una melodía que acompaña con un silbido tranquilo. Alrededor peces caprichosos gustan de los saltos. Agua y oscuridad. De reojo el barquero percibe un jersey blanco incendiando la noche. Palabras que dicen menos que la voz con que están dichas. Y llegar al otro lado.
(Nunca lo había querido. Pero hoy, también él, tiene ganas de poner, esta vez sí, el pie en esa otra orilla).
guabisabierías
(seis "guabisabierías" mañaneras)
En nuestra furgoneta hippy los papeles están organizados: ella traspasa fronteras y nosotros los límites.
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No te desayuno porque prefiero guardarte para la comida, la merienda y la cena.
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Disfruto con tu triple mortal circense, pero nada me gusta más que comenzar el descenso en tu trapecio.
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Lo admito, iba demasiado rápido. Pero cuando me quiten los puntos quiero que lo haga usted, doctora.
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Si ya sabía que eras vampira, ¿por qué te crees que me pasaba el día mirando al techo?
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Para completar tu colección no pienso cambiar ni un solo cromo repetido. Los quiero duplicados, triplicados...
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Una mancha oscura. Una mancha oscura como demostración visible de las horas que pasaste durmiendo. Yo nunca lo conseguía. Te miraba y estudiando mínimos movimientos me preguntaba dónde estabas, pensando cosas raras como que tu cuerpo abandonado te servía de escondite. Te recuerdo como alguien ausente (y te recuerdo más dormido que despierto). ¿Me fiaría de esta memoria sin esta mancha que ahora descubro? Probablemente sí, no me queda otra.
Con esfuerzo saco el viejo colchón. Tropiezo en todos los giros y me escucho maldiciendo. En la calle es una ridiculez: un mueble abandonado, nada más que eso. Comienza a llover, gotas sucias de ciudad no limpian fantasmas.
Vuelvo a casa. Rompo el plástico. Lo dejo caer sobre la cama sin molestarme en colocar la funda. Me tumbo: es duro, grande. Y es nuevo. Ahora sí. Me resulta fácil. Me duermo.
Tenía una razón para dejarlo todo. La casa en silencio, la noche en calma, la maleta. Todo parecía un sueño hasta que subí al autobús todavía cegado por la luz de los faros. Estaba excitado. En el horizonte se intuía el amanecer. Las últimas casas de la ciudad abandonada. Pero mira, volví a pensar en ella: y sonaba absurda.
"Una neurona puede comportarse, al prenderse, como sólo sabría hacerlo un petardo en un almacén pirotécnico, desencadenando una reacción en cadena de consecuencias imprevisibles".
(Del manual Psicofísica Extravagante. Lección 12, pg 212. Artículo en revisión)
Asistías entusiasmada al espectáculo de caída de piezas de dominó (se estaba batiendo el récord absoluto). A mí me dio por pensar que bien podría ser una metáfora de la inevitabilidad, de la sumisión y del destino humano. De pronto, algo falló.
Foto no disparada (se escapa la luz)
Un camino de tierra por la noche. El aire es invadido por luciérnagas gigantescas que se desplazan como empujadas por un viento suave. Cuerpos silenciosos y extraños, partícipes de una coreografía caótica (se entrecruzan, se juntan, se dispersan). Palabras como "irrealidad", "seducción", y por qué no decirlo, "magia", pasan por nuestras cabezas. En uno de los lados, a lo lejos, una frontera de humo blanco extiende la única nube iluminada que hay en el cielo. Por eso las luciérnagas.
Huyen. Escapan del fuego (para salvarse donde no queda selva).
(Mato Grosso, Brasil. Octubre 2008)
fotos no disparadas
Suele llevar la cara muy blanca. Seguramente crema para protegerse del sol, pero hay algo de representación, como un clown o una bailarina de danza butoh. En un cartón ha escrito estos días: "Busco trabajo. Y que me regalen una bicicleta (estática)". Ayer, al pasar, la vi pedaleando con un periódico apoyado en el manillar. Hacía marcas con un bolígrafo. Parecía contenta.
(Julio del 2009. Calle Estrella Polar. Madrid)
Se estaban llevando la última estatua de Ripollés, y comenzaba a clarear en el embarcadero del Retiro. Me dijiste que me sentara. "Hoy seremos los únicos en ver el amanecer desde aquí. Dentro de ocho horas ni se podrá cruzar en bicicleta". Después hablamos de la vida, y también de Michael Jackson. Cuando volvimos hicimos la promesa de vivir siempre en el alambre. Equilibristas. Trileros.
invisible
Lo peor fue cuando, cabreado con el mundo, comenzó a frecuentar los bajos fondos. A fuerza de insistir, alguien del club de los asesinos se percató de su existencia. El resto es imaginable. Su ascenso fue meteórico. Nadie cómo él tenía esa facilidad para abandonar la escena de un crimen. Nadie como él para ejecutar su trabajo sin dejar huellas. Y nadie, nadie, le miraba a los ojos.
Espero que se entiendan estos cortes como lo que son. Un divertimento. En todo caso un boceto hecho a todo correr sin paciencia ni calidad instrumental (ni de ningún tipo). Me parece que aquí con arreglos, buenos músicos (valdrían músicos, a secas) y más instrumentos podría quedar algo curioso.
Visto en Madrid (verídico)
No sabe de lo que habla. O lo sabe demasiado bien.
Wabisabi del duro, del más que imperfecto, improvisado y perecedero. Dos notas, no hay más. Debería actualizar. Lo sé. También sé que por alguna extraña razón me resulta más fácil coger la guitarra y grabar lo primero que sale antes que escribir algo en condiciones. Tampoco dije nunca que tuviera que ser de otra manera.
Espero escribir algo pronto.
domingo por la tarde
Esto está pensado para ser escuchado con cascos.
En este segundo está lo mismo pero sin distorsión al final.
Inoculan palabras
Los señores de los sueños me inoculan palabras. Los primeros en darse cuenta fueron los más espabilados de mis amigos. Me decían: no puede ser, piénsalo, no es normal que alguien utilice tantas veces las palabras "sibilino" y "soterrado" en tan corto espacio de tiempo, y mucho menos un adolescente. A mí, la verdad, me costó tiempo llegar a tener la certeza, pero tras meses de atención, pude por fin, entre la vigilia y el sueño, descubrir el secreto mecanismo. Desde entonces puedo escucharlos y pocas son las noches en las que no me visiten para realizar su trabajo con precisión de relojero. Ellos deciden cuáles son las palabras y cuántas son las veces que deben aparecer en mis conversaciones a lo largo del día. De algún modo me he convertido en el ejecutor de sus caprichos, pero tengo el suficiente grado de libertad como para decidir la situación propicia a la hora de administrar sus voluntades. En qué momento preciso debo decir "guitarra", "anverso", "muchacho" o "cenefa", es algo que sólo a mí corresponde. Eso sí, las palabras deben aparecer en un contexto comunicativo, preferiblemente verbal. Bien es cierto que he notado una cierta permisividad ante el uso de la palabra escrita, pero eso sí, siempre en situaciones en las que la figura del lector no es meramente retórica sino más bien concreta: chat, correo, una notita en una servilleta pasada con picardía... Son situaciones aceptables. De nada me serviría decir, pongamos por caso, diecisiete veces la palabra "abstenerse" delante del espejo. Si hiciera eso no me cabe ninguna duda de que los señores de los sueños tomarían nota y me castigarían con justicia. No sé exactamente a qué me expongo, en realidad. Yo les doy lo que quieren y ellos me recompensan con sueño reparador y de cuando en cuando con alguna aventura erótica o de las otras. Jamás les he fallado y no pretendo hacerlo. Pero he de reconocer que en ocasiones se ponen bastante exigentes. Os puedo asegurar que decir diecisiete veces la palabra "cualitativamente" en un contexto veraniego de playa y sandía no es para nada sencillo. Todavía sudo al recordar aquella ocasión en la que eran las nueve de la noche y aún tenía que decir "solipsismo" ocho veces más. Por delante, la cena en la que al fin conocería a la familia de mi novia. No os sorprenderá saber que no fue mi mejor noche.
(...)
Ellos están ahí, escuchando... Tal vez hoy me recompensen y me pongan una tarea sencilla para mañana. Inoculan palabras. Inoculan. Inoculan. Inoculan. Esto es un poco trampa así que espero que estén de buenas. Inoculan. Inoculan. Inoculan. Cuando lo dices muchas veces empieza a sonar a otra cosa distinta... Inoculan. Ya van doce. Inoculan. Inoculan.
Propósito de enmienda
Dice Roger Wolf que un buen escritor debe saber exactamente cuando no escribir, y que, evidentemente, ése no es su caso. El mío tampoco, pero es peor. Guabisabi ha de ser "imperfecto, incompleto, temporal...", y sin embargo lo descubro languideciendo con excusas tales como:
1. No encuentro el momento.
2. No es suficientemente bueno.
3. Todos se van a dar cuenta de que soy un fraude...
Y otras peores.
De pequeño me enseñaron la secuencia: revisión de los pecados, confesión, propósito de enmienda y... sólo vosotros podréis ser testigos de si cumplo o no la penitencia: escribir cosas guabisabi, no importa cuáles sean, siempre y cuando cumplan el requisito fundamental de carecer de requisitos no fundamentales, o sea, todos los demás.
guabideas
Desde Smoke, aquella película de Wayne Wang y Paul Auster, ¿cuánta gente en el mundo habrá hecho fotos todos los días desde el mismo rincón? ¿No os gustaría ver algunas de ellas?

